La posverdad y su propagación

Reseña del libro Post-Truth. How Bullshit Conquered the World de James Ball

Saber qué es la posverdad es importante, pero saber cuáles son sus consecuencias y cómo combatirla es fundamental. En su libro Post-Truth: How Bullshit Conquered the World (Biteback: 2017), James Ball explora qué es la posverdad a partir de un término interesante y de difícil traducción en este contexto: bullshit. Ball explica que eligió este término porque no basta con hablar de mentiras al difundir información sino de narrativas que confunden a los lectores. el término proviene de un libro de Harry Frankfurt: On Bullshit (2015).

El argumento de Frankfurt, hablando en términos generales, funciona así: para mentir es necesario preocuparse por alguna forma de verdad absoluta o falsedad y cada vez más la vida pública está dirigida por personas a las que eso no les importa mucho, les importa su narrativa […] Alguien que miente y alguien que dice la verdad están jugando en lados opuestos, por así decirlo, en el mismo juego. Cada uno responde a los hechos tal como los entiende, aunque la respuesta de uno está guiada por la autoridad de la verdad, mientras que la respuesta del otro desafía esa autoridad y se niega a satisfacer sus demandas. El bullshitter ignora estas demandas por completo. Él no rechaza la autoridad de la verdad, como lo hace el mentiroso y se opone a ella. No le presta atención en absoluto. En virtud de esto, la mierda [bullshit] es una enemiga de la verdad más grande que las mentiras (110-5)[1].

Ocuparse de difundir una narrativa puede ser acaso más pernicioso que las mentiras precisamente porque a menudo se utilizan medias verdades o datos correctos pero presentados de tal manera que transmiten un mensaje incompleto y tendencioso. En este libro abundan los ejemplos de este mecanismo, principalmente en la construcción de una narrativa que permitió a Donald Trump convertirse en presidente de Estados Unidos y en cómo la campaña del “Leave” llevó al Reino Unido al Brexit (por cierto que Boris Johnson, el actual primer ministro británico, tiene una larga historia de reportar bullshit y fue un actor clave en llevar al Reino Unido al Brexit).

¿Qué podemos hacer para contrarrestar los efectos de estas medias verdades o abiertas mentiras? Lamentablemente, el solo hecho de verificar la información no basta, según Ball. “La verificación de los hechos no será suficiente […] Esto no es para dudar de los beneficios de verificar datos, pero con mucha frecuencia las personas que leen los refutaciones no solo son mucho menos, sino que no tienen nada que ver con las personas que leen la afirmación falsa original” (202). De ahí la necesidad de que los medios de comunicación sean partidarios de algunos principios ideológicos. La prensa nunca ha sido imparcial ni mucho menos objetiva, y hoy debe ser abiertamente partidaria. Como afirma Ball: “No hay nada de malo en los medios de comunicación partidarios: de hecho, cuando el “periodismo desde la nada” puede parecer que tiene atole en las venas, los medios de comunicación partidarios tienen el potencial de conectarse con audiencias que se les escaparían a otros periodistas” (1233).

Aunado a la necesidad de mostrarse partidarios, los medios tienen que enfrentar su verdadero alcance. Ignoro las estadísticas correspondientes a la prensa en lengua española en Iberoamérica, pero estos datos que ofrece Ball nos dan una buena idea de los retos a los que se enfrenta la prensa:

El programa principal de BBC News at Ten llega a 4.5 millones de personas por noche. Los noticieros nocturnos de ABC y CBS llegan a alrededor de 9 millones de espectadores. MailOnline, el sitio web de noticias más grande del mundo, llega a casi 15 millones de usuarios al día. Facebook, por su parte, llega a más de mil millones de usuarios por día, ochenta veces más que el MailOnline (1862)

Esta diferencia de impacto entre la prensa y las redes sociales afecta tremendamente la difusión de bullshit (no así de la información verificada, puesta esta no se propaga ni en velocidad ni en alcance de un modo comparable con el de las mentiras o medias verdades). Aun cuando una información se ha verificado como falsa, no es posible rebatir la imagen que la mentira creó. Debatir en las redes tampoco basta. Afirma David McRaney (citado por Ball): “Nunca se puede ganar un argumento en línea. Cuando empiezas a sacar datos, cifras y enlaces, en realidad estás haciendo que el oponente se sienta como si estuviera más seguro de su posición que antes de comenzar el debate […] El efecto de contraataque los empuja a los dos más profundamente en sus creencias iniciales (2349)”.

Entonces, ¿qué podemos hacer para contrarrestar, al menos parcialmente, la difusión de bullshit? Ball cierra el libro con recomendaciones para los políticos, otras para los propios medios de comunicación y otras más para nosotros, los lectores. Por razones de espacio omito las recomendaciones para los políticos y los medios y enumero las que Ball dirige hacia nosotros:

  • Lee puntos de vista distintos al tuyo con la intención de entender qué los motiva.
  • No reacciones de manera inmediata: incluso con solo unos segundos, el pensamiento nos permite hacer varias evaluaciones rápidas. ¿Cuál es la fuente de la información? ¿Es de un importante medio de noticias? ¿Un político renombrado? ¿Una cuenta anónima? ¿Podemos verificar el reclamo que se ha hecho? Si estamos a punto de compartir una captura de pantalla, ¿parece creíble?, ¿realmente diría eso la persona en cuestión? Si tenemos dudas podemos buscar información rápidamente en Google y descubrir qué está sucediendo. Detenernos incluso por unos pocos segundos nos hace mucho menos propensos a compartir bullshit.
  • Hay que tratar con escepticismo las narrativas con las que estamos de acuerdo, no solo con las que no lo estamos.
  • Trata de no sucumbir a teorías de la conspiración (3491-3503).

El libro de Ball ofrece información valiosa que abona a reflexionar sobre cómo podemos retomar el diálogo en lugar de enfrascarnos en discusiones inútiles que, sobre todo, contribuyen a la difusión de mentiras y manipulaciones.


[1] James Ball, Post-Truth: How Bullshit Conquered the World (Biteback: 2017), edición electrónica. La traducción de todas las citas tomadas del libro es mía.

La literatura como un acto y no un objeto

Terry Eagleton es uno de los críticos literarios más sobresalientes. En su libro “The Event of Literature” (2012) consolida una visión particular de la literatura y del quehacer teórico literario. Un libro imperdible para todo interesado en los estudios literarios.

Da click aquí para leer mi reseña sobre “El acontecimiento de la literatura” de Terry Eagleton

 

¿Todos los caminos del boom llevan a Yoknapatawpha?

Da click aquí para leer “¿Todos los caminos del boom llevan a Yoknapatawpha?

Varios (o quizás todos) los escritores del boom latinoamericano reclamaron la obra de William Faulkner como modelo o influencia. Sin embargo, a mí me parece que fue solo una manera burda de llamar la atención. La influencia es algo que se nota en la obra y, a mi juicio, ninguno de estos autores leyó realmente a Faulkner con la profundidad necesaria para convertirlo en influencia (excepto uno).

“El gigante enterrado” de Kazuo Ishiguro

Lo imposible coexiste con lo cotidiano a fuerza de entrelazar los sueños con las necesidades más básicas. Ir en busca de comida implica los riesgos de encontrarse con un ogro o con otros buscadores de comida que son capaces de matarnos a la menor provocación. La guerra ha devastado los campos y la pobreza es rampante. Sin embargo, el amor y la lealtad también tienen cabida. De hecho parecen ser lo único capaz de sostener lo que aún queda del mundo.

Da click aquí para leer El gigante enterrado de Kazuo Ishiguro. Una historia del medievo en que vivimos

“Cuento de Invierno”, una vieja obra experimental

En el número 35-6 de la revista Casa del tiempo publicaron este texto que escribí sobre Cuento de invierno de Shakespeare; una obra con la que el bardo sorprendió a los dramaturgos de su generación por el uso de la narrativa. En esta obra, Shakespeare rompe con las convenciones dramatúrgicas e introduce una línea narrativa a lo largo de la obra, casi como si quisiera ir en contra de su propia obra.

Da click aquí para descargar “Cuento-de-invierno-una-vieja-obra-experimental”

Enrique IV o cuando el tamaño sí importa

En Enrique IV aparece uno de los héroes más reconocibles del mundo Shakespeariano: Falstaff. Lo particular de este personaje es su cobardía, su ingenio, su cinismo y, sobre todo, su enorme gordura. La inmensidad de Falstaff le valió ser el personaje más reconocible de su tiempo —y con toda probabilidad, del nuestro— por las varias connotaciones que tiene la obesidad.

Da click aquí para leer “Enrique IV o cuando el tamaño sí importa” publicado en Casa del tiempo