“Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo” de Chimamanda Ngozi

La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi ha construido una carrera literaria sorprendente. En muy pocos años ha escrito más de un libro notable. Y no se ha limitado al mundo de la ficción; también ha explorado el ensayo de manera exitosa. La recomendación de esta semana es su libro Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, publicado en 2017 por Random House Mondadori y traducido al español por Cruz Rodríguez. Este ensayo se nos presenta como una carta que incluye una serie de recomendaciones sobre cómo educar a una hija en el feminismo. Como ella misma lo indica en el prólogo, Chimamanda Ngozi le escribió una carta a una amiga que recién había parido a una niña y quería que Chimamanda la aconsejara, pues Ijeawele, su amiga, quería educar a su pequeña dentro de una perspectiva feminista. La autora adaptó esa carta y la convirtió en este hermoso y breve libro.

Dice al respecto la autora:

Para mí, el feminismo siempre es contextual. No tengo una regla fija, lo más cercano que tengo a una fórmula son mis dos “Herramientas feministas” y quiero compartirlas contigo como punto de partida. La primera es una premisa, la sólida creencia inflexible con la que hay que empezar. ¿Cuál es esta premisa? La premisa feminista debería ser: Yo importo. Yo importo por igual. No “si tan solo”. No “mientras”. Yo importo por igual. Punto y aparte. La segunda herramienta es una pregunta: ¿puedes invertir la X y obtener los mismos resultados? Por ejemplo: mucha gente cree que la respuesta feminista de una mujer a la infidelidad de su marido debería ser irse de la casa. Pero creo que quedarse también puede ser una elección feminista, dependiendo del contexto. Si Chudi se acuesta con otra mujer y tú lo perdonas, ¿sería lo mismo si tú te acostaras con otro hombre? Si la respuesta es sí, entonces tu elección de perdonarlo puede ser una elección feminista porque no está moldeada por una desigualdad de género. Lamentablemente, la realidad en la mayoría de los matrimonios es que la respuesta a esa pregunta a menudo sería no, y la razón estaría basada en las diferencias de género – esa idea absurda de que “los hombres serán hombres”, lo que significa tener un estándar mucho más bajo para los hombres.

Después de establecer esta pauta, la autora comienza con algunas recomendaciones para su amiga sobre cómo educar a su hija en el feminismo. Cada capítulo lleva por título alguna recomendación. Aquí una muestra. Leo un fragmento del capítulo titulado “Háganlo juntos”:

¿Recuerdas que en la escuela primaria aprendimos que un verbo era una palabra que indicaba una acción? Bueno, un padre es tanto un verbo como una madre. Chudi debería hacer todo lo que la biología le permite, que es todo menos amamantar. A veces las madres, tan condicionadas a ser todo y hacer todo, son cómplices de disminuir el papel de los padres. Podrías pensar que Chudi no bañará a la niña exactamente como tú quieres, que no le limpiará la cola tan perfectamente como tú. Pero, ¿y eso qué? ¿Qué es lo peor que puede pasar? Ella no morirá a manos de su padre. En serio. Él la ama. Es bueno para ella que su padre la cuide […] Compartan el cuidado de los niños. Lo que significa “Por igual”, por supuesto, dependerá de ambos […] No tiene por qué significar un cincuenta y cincuenta por ciento literalmente o llevar una puntuación diaria, pero ambos sabrán cuando el cuidado de los niños se comparte por igual. Lo sabrás porque no tendrás resentimiento. Cuando hay verdadera igualdad, el resentimiento no existe.

Después de aclarar que en su idea de feminismo la inclusión del padre en los cuidados de los hijos es necesaria precisamente para establecer una relación de equidad, la autora continúa con comentarios y más recomendaciones por demás urgentes en nuestro tiempo. Por ejemplo, el tema de los roles de género en los más pequeños. Dice Chimamanda: “Si no ponemos la camisa de fuerza de los roles de género en los niños pequeños, les damos espacio para que alcancen su máximo potencial. Por favor, vean a Chizalum como un individuo. No como una niña que debería ser de cierta manera. Vean sus debilidades y sus fortalezas de manera individual. No la midan en una escala de lo que una niña debería ser. Mídanla en la escala que refleje la mejor versión de ella misma que puede ser”.

Y continúa el texto de esta manera:

Cuidado con el peligro de lo que yo llamo Feminismo Lite. Es la idea de la igualdad femenina condicional. Por favor, rechaza esto por completo. Es una idea hueca, apaciguadora y en bancarrota. Ser feminista es como estar embarazada. O lo estás o no lo estás. O crees en la igualdad total de hombres y mujeres o no. El Feminismo Lite utiliza analogías como “él es la cabeza y tú eres el cuello”. O “él está manejando pero tú estás en el asiento del copiloto”. Más preocupante es la idea, en este Feminismo Lite, de que los hombres son superiores por naturaleza, pero se espera que “traten bien a las mujeres”. No. No. No. Debe haber algo más que la benevolencia masculina como base para el bienestar de una mujer. El Feminismo Lite utiliza en su lenguaje el verbo ‘permitir’. Lo que los hombres permiten.

Conforme avanza la lectura, la necesidad de que ensayos como este sean leídos también por hombres se hace cada vez más clara. Si la autocrítica es vital para el mejoramiento de una persona, cuánto más lo es para reparar el daño que la mitad de la humanidad ha hecho a la otra parte. Este daño es histórico y por ello su reparación tiene que tomar en cuenta aquello que para muchos ha sido visto como normal e incluso como “natural” (digo natural entre comillas). Pues como dice Chimamanda Ngozi: “He aquí una triste verdad: nuestro mundo está lleno de hombres y mujeres a los que no les gustan las mujeres poderosas. Hemos sido tan condicionados a pensar en el poder como algo masculino que una mujer poderosa es una aberración”. Y páginas más adelante, Chimamanda explora la importancia del lenguaje que utilizamos en el día a día (y más en su función de herramienta para la educación de una niña). Dice la autora: “Enséñale a cuestionar el lenguaje. El lenguaje es el depositario de nuestros prejuicios, nuestras creencias, nuestras suposiciones. Pero para enseñarle eso, tendrás que cuestionar tu propio lenguaje”.

Y añade:

Enséñale a tu hija a rechazar la simpatía. Su trabajo no es ser simpática, su trabajo es ser ella misma, una persona honesta y consciente de la humanidad igualitaria de otras personas […] Enseñamos a las niñas a ser agradables, a ser simpáticas, a ser falsas. Y no les enseñamos lo mismo a los niños. Esto es peligroso. Muchos depredadores sexuales se han aprovechado de esto. Muchas chicas se quedan calladas cuando son abusadas porque quieren ser agradables. Muchas chicas pasan demasiado tiempo tratando de ser ‘amables’ con la gente que les hace daño. Muchas chicas piensan en los “sentimientos” de aquellos que les hacen daño. Esta es una consecuencia tremenda de la simpatía […] También enséñenla a ser valiente. Anímenla a decir lo que piensa, a decir lo que realmente piensa, a decir la verdad. Y luego elógienla cuando lo haga. Elógienla especialmente cuando tome una posición que sea difícil o impopular, porque resulta ser una posición honesta. Díganle que la amabilidad importa. Elógienla cuando sea amable con otras personas. Pero enséñenle que su bondad nunca debe ser tomada por sentado. Díganle que ella también merece la bondad de los demás. Enséñale a defender lo que es suyo.

El tema de los estereotipos de la belleza no podía faltar en estas cerca de quince recomendaciones que hace la autora a su amiga. Y así continúa:

Chizalum notará muy pronto qué tipo de belleza valora la mayoría de la gente en el mundo. Lo verá en revistas, películas y programas de televisión. Ella verá que el ser blanca es algo valorado. Notará que la textura del cabello que más valora la gente es el cabello rubio o lacio […] Se encontrará con estos valores, te guste o no. Así que asegúrate de crear alternativas para que ella las vea. Háganle saber que las mujeres blancas y delgadas son hermosas, y que las mujeres no delgadas y no blancas son hermosas. Háganle saber que hay muchos individuos y muchas culturas que no encuentran atractiva esa estrecha definición de belleza que privilegia la blancura.

Como mencioné hace un momento, son varias las recomendaciones incluidas en este libro que hace Chimamanda Ngozi y que nos invitan a reflexionar no solo acerca de la educación que podemos brindarles a nuestros hijos sino –acaso igual de importante– cuál fue la educación que recibimos. ¿Hacia dónde nos ha conducido no solo como individuos sino como sociedad? ¿Cuáles son los reclamos, los preceptos y los postulados de los distintos feminismos? ¿Cómo podemos remediar una cadena de injusticias y no seguir negando lo evidente?: una sociedad que no considera el feminismo como un punto de partida está condenada a la violencia y a la impunidad.

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