“Historia mínima del Neoliberalismo” de Fernando Escalante

Hoy quiero recomendarles la lectura del libro Historia mínima del neoliberalismo, escrito por Fernando Escalante y publicado por El Colegio de México en 2015; tanto la edición impresa como la digital se pueden encontrar muy fácilmente. El trabajo de Escalante es de gran relevancia para conocer no solo cómo fue que llegamos al modelo económico que rige hoy prácticamente todo el planeta, sino para comprender las implicaciones que tiene. El neoliberalismo es mucho más que un modelo económico: es una ideología, una cultura y una forma de pensar el mundo.

De acuerdo con Escalante, el neoliberalismo nació en París entre el 26 y el 30 de agosto de 1938, cuando se llevó a cabo una conferencia convocada por Louis Rougier con motivo de la traducción al francés del libro The Good Society (La sociedad buena) de Walter Lippmann. “Los neoliberales se identifican por una nueva manera de entender la relación entre mercado y Estado, entre política y economía”, dice Escalante.

“En primer lugar, afirman que el Estado tiene que generar las condiciones para la existencia y el buen funcionamiento del mercado, es decir, que no hace falta reducirlo, o eliminarlo, sino darle otra orientación. En segundo lugar, a diferencia de los liberales clásicos, dan prioridad a la libertad económica sobre la libertad política, ven en la impersonalidad del mercado, donde cada quien decide por su cuenta, la mejor garantía de la libertad y el bienestar”.

En los primeros capítulos del libro, Escalante da cuenta de la obra de Ludwig von Mises, que sentó las bases del neoliberalismo de mediados del siglo veinte, y también del famoso libro Camino de servidumbre de Friedrich Hayek, publicado en 1944 y cuyas ideas serían centrales en la difusión del neoliberalismo a lo largo de la segunda mitad del siglo veinte y lo que va del veinituno. “El argumento se puede resumir en una frase”, dice Escalante, “todo movimiento hacia el socialismo, o hacia la planificación de la economía, tan moderado como se quiera, amenaza con llevar finalmente al totalitarismo”. Es decir, se subraya el mercado como una manera de coordinar la conducta de las personas; según el neoliberalismo, la competencia en el mercado y el mínimo de interferencia del Estado en dicha competencia, lleva a los consumidores a expresarse de una manera democrática. “El mercado es la expresión de nuestra conducta en libertad” afirman los neoliberales. Nada más falso, por supuesto.

A la difusión del neoliberalismo como ideología han contribuido un gran número de economistas (varios ganadores del premio Nobel, por cierto) y de así llamados “intelectuales”, que sirven a las élites y que han buscado influir en el electorado desde hace décadas. “Se trataba de ponerle delante a la gente las ideas correctas”, dice Escalante con ironía. “Para eso era necesario, según la expresión de George Stigler, capturar la imaginación de las élites decisivas, mediante la elaboración de doctrinas, argumentos, programas políticos y económicos en que esas élites pudiesen ver representado su propio interés. A continuación había que dirigirse a quienes forman la opinión, a los que Hayek llamaba, con una fórmula memorable, los ‘vendedores de ideas de segunda mano’, es decir, intelectuales, periodistas, locutores, maestros de escuela, escritores, agitadores, líderes políticos”.

Escalante nos recuerda, como ya les había adelantado, que “el neoliberalismo no es sólo un programa económico, sino una visión completa del mundo, una idea de la naturaleza humana, del orden social, una idea de la justicia”. Sin embargo, como el propio Escalante afirma algunas páginas más adelante, “Ningún mercado se autorregula. Ni produce sus propias reglas ni puede garantizar que se cumplan, ni existe por su cuenta como mercado. Todos están inmersos en la sociedad, son hechos sociales, regulados no sólo por leyes, sino por varias clases de normas, formales e informales; para decirlo en una frase, siempre hay una economía moral, un conjunto de reglas, con frecuencia implícitas, que establecen cómo deben comportarse los actores en el mercado”. Esto es relevante para comprender por qué, a pesar de los enormes esfuerzos por tratar de convencernos de que la economía es una ciencia, en realidad se trata de un adoctrinamiento. Los modelos matemáticos en que se basan los economistas neoliberales para “demostrar” el comportamiento del mercado dependen de un gran número de variables que son imposibles de replicar en la realidad. Por ejemplo, para que sus modelos funcionen, todos los participantes de la economía tendrían que comportarse como según ellos deberíamos hacerlo: buscando siempre la máxima ganancia posible sin dejar que las emociones jueguen un papel en cada transacción económica que realizamos.

Otro rasgo que quiero destacar de esta Historia mínima del neoliberalismo es la exploración que hace Fernando Escalante del papel que ha jugado la izquierda en la construcción de dicho modelo económico e ideológico. Nada más fácil que asumir que la izquierda ha sido esencialmente combativa de este modelo. Sin embargo, la Historia de la economía nos muestra algo distinto y más complejo. Escalante hace una crítica aguda sobre el papel de la izquierda desde la década de los años sesenta hasta la fecha (en particular de la izquierda radical) y muestra que mucho de sus acciones y supuestos ideológicos, de hecho se parecen mucho al neoliberalismo. Escalante analiza primero el anarquismo de Paul Goodman y otros influyentes ideólogos de esa década en Estados Unidos y otros países, y después, la obra de Iván Illich, entre otros pensadores más radicales. “Es un nuevo tipo de radicalismo”, dice Escalante, “enemigo de todas las instituciones, de todas las formas de organización y de regulación y disciplina de la vida cotidiana […] el Estado resulta ser la cara más visible, la primera, y por lo tanto la más fácil de criticar. Y por eso tiene Iván Illich en la mira a las instituciones públicas. En las sociedades modernas, dice, la salud, la educación, la creatividad, se confunden con la actividad de las instituciones que dicen servir a esos fines. Y por eso resulta que no hay verdadera educación, ni hay verdadera salud, ni creatividad […] A veces da la impresión de estar leyendo a Hayek. Es el mismo impulso: iconoclasta, liberal, individualista, que en Iván Illich tiene tonalidades de rebeldía izquierdista, y en Hayek es inequívocamente conservador. La coincidencia es indudable, y fundamental”, dice Escalante.

Historia mínima del neoliberalismo es además de un buen documento historiográfico, un estudio riguroso y crítico de nuestro tiempo.

           

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