Metamorfosis

Para Anahí

 

Inicias hoy debajo de tu piel.

Debajo de tu piel un microcosmos

repite a su manera tus latidos,

inicia sus sentidos con los tuyos,

su centro habita dentro de tu centro,

sus oídos se forman con tu voz.

 

Pronto vas a parirte como madre.

Vas a parir el tiempo de una madre.

Y vas a continuar la luz, la sangre

de un milagro ya visto muchas veces,

pero al cabo un milagro, una promesa:

continuarnos en vez de repetirnos.

(Porque no sabemos sino morir

y renacer queriendo no ser polvo.)

Sólo somos humanos, sólo vamos

en busca de algo menos extraviado,

de un ser menos perdido, menos solo.

 

Aunque vaya a perderse y descubrirse

él mismo en sus trabajos y sus días,

aunque a ratos se sienta ajeno, extraño,

queremos encontrarlo en el momento

que une tu vientre, tu risa y mis manos;

un ser que inevitablemente sueñe

con un ser de mejores adjetivos,

y de palabras bellas como espuma,

de adverbios imprecisos como siempre,

de errores y certezas y futuros.

 

En esta nueva forma de encontrarnos,

de buscarnos y perdernos en el hijo,

de volver a nombrar al cielo, cielo;

de ahuyentar el temor a medianoche,

contaremos de nuevo las historias

que refieren la vida con sus mares,

sus continentes, sus barcos piratas,

sus aventuras, sus lances y entuertos.

 

Te propongo el jugar, la valentía

y el riesgo cotidiano de la risa,

para hacernos de agua, cobrar forma

sólo en tanto el momento nos lo exija,

cuando sus manos quieran alcanzarnos.

 

Te ofrezco estar presente con mi voz,

mi silencio, mis brazos y mi piel;

presenciar a tu lado el viejo rito

del niño de este tiempo y otro tiempo

que pregunta de nuevo por la muerte,

los colores, las reglas, los abismos,

el olor de los vientos y del agua,

y más tarde se asombra de sí mismo,

del tacto de su cuerpo en otro cuerpo,

del hambre, la crueldad y el abandono.

 

Deseo que aventure sus respuestas

con actos que acompañen sus palabras,

como el hombre de este tiempo y otro tiempo,

que sigue sus anhelos y temores,

que mejora su entorno y lo cuestiona

y no cesa ante horrores e injusticias

de esgrimir su denuncia, de ser hombre.

Que sea digno de sí, de este momento,

del estado primario en que se juntan

nuestras manos, tu vientre y sus anhelos.

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