Dos poemas gatunos

I

Desde la ventana intuyo

que un día vuelven

menos felices al descender del auto,

menos iguales que el domingo anterior.

Intuyo que vuelven un día

con los hocicos llenos de pájaros,

con las bolsas llenas de pájaros

—olvidados del eterno domingo—.

 

Desde la ventana intuyo

que un día vuelven sin pensar en el lunes,

sin las mismas cajas de cereales,

sin detergente ni facturas.

Intuyo que un día volverán

y no cerrarán la puerta.

Dejarán que entren la madeja,

las bolas de papel

y la noche.

Como los gatos,

comenzarán a vivir.

 

 

II

Acicálate en la tímida esdrújula,

afílate en lo agudo del sofá,

(desperézate donde no te alcancen)

juega con su ira, su autoestima.

Orina sus zapatos por colores,

impregna tu voluntad en la suya,

mancíllalo, indómito demuéstrate

—sé yámbico, orgulloso, dominante—.

No cedas ni una silla ni un estambre,

no te quites de encima aunque reviente

su vejiga y se le doblen las piernas:

que el cansancio postrero lo derrumbe

y aprenda a amar tus horas como a Dios.

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